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La desvergüenza del gobierno frente a la crisis de refugiados.

Comenzábamos la semana con una noticia que alegraba al leerla: el ayuntamiento de Barcelona anunció que se ofrecía como “ciudad-refugio”. Ante el aumento de las muertes en el trayecto hacia Europa de migrantes cuyos países se encuentran en guerra y enfrentamientos constantes, el gobierno municipal barcelonés se ha posicionado. A estas personas que huyen de sus países por razones bélicas, se los considera refugiados, a diferencia de migrantes por otras razones (no quiere decir que los que migran para buscarse el pan tengan menos derecho, pero no es el tema ahora). A Barcelona se le ha unido el consistorio de Madrid, que ya ha destinado diez millones de euros para un plan con el que organiza la futura acogida de refugiados.

En el lado opuesto al que la rapidez con la que se han propuesto actuar los gobiernos municipales de Madrid y Barcelona se encuentra el gobierno de la nación. El Ministro de Asuntos Exteriores ya se negó a aceptar los 5.849 refugiados que la Unión Europea asignó a España en su propuesta de aceptar a unas 40.000 personas que buscan asilo a lo largo de todos los países de la Unión. El ejecutivo español comunicó que sólo pretendía acoger 2.739 refugiados. Aunque en la reunión que ha tenido el presidente Rajoy con la canciller de Alemania el pasado día 1 ha afirmado que está dispuesto a aumentar la cantidad de refugiados de los que España se hará cargo. Aún no ha habido más declaraciones del ejecutivo sobre ese aumento. Y parece ser que la Unión Europea tiene la intención de hacer una nueva propuesta en la que los países miembros deberían acoger entre todos a unos 100.000 refugiados, lo que aumentaría la cantidad de personas que a España le corresponden.

Y aquí quedan expuestos las dos posiciones en las que se han situado las distintas instituciones de nuestro país. Los gobiernos autonómicos de Andalucía y Extremadura se han acercado a la primera postura al instar al gobierno de la nación a que organice con urgencia un plan de coordinación junto a las comunidades autónomas para hacer frente lo antes posible a la situación. Y también del otro extremo hay otros gobiernos de la Unión Europea, al negarse a aceptar la cuota de refugiados que se les propuso. Y esta última posición es una desvergüenza más para los dirigentes europeos y específicamente para el gobierno de España.

Se trata de una muestra más de qué tipo de políticos –si pueden llamarse así– está gobernando nuestro país. Una clase de dirigentes que para lo que la crisis es una ficción ya para los que les conviene y sin embargo es una realidad para lo que no les interesa. Es una vergüenza tener a un presidente que vive ajeno a la verdadera situación de su país, y cuyos ministros se contradicen entre sí. Tan eficaces para aprobar a la ligera unos presupuestos que deciden en qué se va a gastar nuestro dinero, el mismo que ellos han robado múltiples veces, y sin escuchar a otros representantes elegidos tan democráticamente como ellos. Y sin embargo, tan ineficaces para aprobar un plan urgente para atender un asunto en el que se juega la vida y la muerte de tantas personas que buscan un lugar mejor donde vivir.

La verdad es que ver la preocupación de otros ciudadanos ante esta situación, y ver las buenas intenciones de estos ayuntamientos que tan rápido han dado respuesta alegra bastante entre tanta decepción que provoca ver a los gobiernos europeos actuando contra los derechos humanos. ¿De verdad creen estos sinvergüenzas que los refugiados vienen aquí a vivir del cuento? No todos somos como el ex ministro Wert que deja un legado nefasto en nuestro sistema educativo y luego se larga a vivir de lujo como diplomático a París. No, la verdad es que las personas no dejan su hogar, su vida atrás por gusto. Lo cierto es que huyen porque en sus países sólo les espera la muerte. No creo que unos padres con niños pequeños los sometan a esas enormes odiseas que llevan a cabo por nada. No, ellos sufren de verdad, y esta política nefasta sólo alarga su sufrimiento. ¿Qué podíamos esperar de un gobierno al que ni siquiera le ha importado hacer sufrir a su propio pueblo con recortes en lo más básico: la sanidad y la educación?

Concluyendo, podríamos resumir la situación ante la que nos encontramos con un refrán español que expresa mejor que nada el panorama actual: “Más hace el que quiere, que el que puede”.

04-09-2015.